Estatus y Marcas

Las marcas (grandes marcas), se encuentran ligadas a diferentes valores agregados; donde además de vender un hermoso diseño y/o calidad, éstas ofrecen a sus compradores la posibilidad de obtener valores agregados como: Estilo de vida, estatus, reconocimiento, etc…

Es así como muchas personas piensan que por ejemplo, una camisa Versace o un bolso de LV; automáticamente provee todo aquello de lo que careces y quisieras tener o haber tenido.

Vamos a ser claros, la gente que tiene dinero o vive en una posición cómoda y ha crecido en ese entorno (no, nuevos ricos), no suele comprar dichas marcas por su valor agregado de estatus, pues no les hace falta; ese ya lo tienen aunque vayan por la calle en chándal (sudadera) y chanclas. Generalmente compran éste tipo de marcas porque tienen el modo económico para acceder a prendas (puede ser otras cosas, no solo ropa) de mejor calidad o por su diseño, pero esto no implica que siempre y sí o sí, compren ropa de marcas.

He visto pues, a muchas de éstas personas comprando en grandes superficies ropa mucho más económica y sin tanto renombre, solo por el hecho de que les gustó su diseño, calidad, etc…Y a muchas otras comprando imitaciones de marcas, solo porque no tienen el poder adquisitivo para comprarlas, con la simple ilusión de poder tener algo del “grupo selecto, de gente fina y snob” que puede hacerlo y pues nada más lejos de la realidad; así pues que quien le pone ese valor agregado de estatus no es el adinerado que puede acceder a cualquier cosa cuando quiera, con criterios más racionales y que por supuesto no tiene que comprar estatus porque ya lo tiene; sino aquel que por medio de ese producto busca aparentarlo.

Siendo claros, las marcas ni quitan ni ponen. Una persona que ha crecido y se ha movido en un determinado entorno, bajo unas determinadas condiciones económicas, con un determinado nivel cultural y de educación, el saber estar, etc, etc, etc; no va a adquirir o a perder instantáneamente todo aquello que le ha forjado por años y años.

Es así como por ejemplo: tener un diploma (cualquiera que sea) o dinero, no convierte a las personas inmediatamente en gente culta, éstos son conceptos muy diferentes y que se cultivan de forma diferente.

También entender de que si una persona por suerte del destino un día se ve afortunado y económicamente solvente para adquirir, esto o lo otro, no supone que inmediatamente dichos objetos le den estatus, nivel cultural y educación. Como decía una amiga mía, la gente y su clase se conocen en manteles, es decir, cuando te sientas a comer con alguien te das cuenta de su procedencia por muchos estudios y etc que tenga, siempre, siempre llevará consigo sus raíces.

Es de ahí donde proviene la expresión popular “La mona aunque se vista de seda, mona se queda”… Somos lo que somos aunque nos vistamos de seda o yute, expiramos por los poros nuestras raíces y naturaleza e intentar demonizar constantemente a las personas por su capacidad económica es un sin sentido. Existen muchas personas que siendo adineradas son muy humildes, sencillas buenas y otras que siendo muy pobres son petulantes, arrogantes y malas. Es que los estereotipos matan y nublan el juicio.

A qué viene éste artículo? A los miles de comentarios confusos que encuentro en las redes sociales ligando marcas con estatus y clase. Donde afirman que es la gente con dinero quien va en busca de ellas. No, no es así, ellos no necesitan comprar y/o demostrar estatus pues ya lo tienen aunque prefieran tomar el café de la abuela hecho con filtro de tela y endulzado con panela que ir a perder el tiempo y el dinero para ir a Starbucks a que te sirvan el café en vasos de poliuretano a precios astronómicos, simplemente por el estatus que ofrece; para mí sus valores agregados de estatus y estilo de vida no llegan a compensar un mal café a precios ridículos y esto hay que tenerlo en cuenta con todo.

Entonces cuál es la relación entre las marcas y el estatus o cualquier otro valor agregado que no haga parte de la relación calidad/diseño/precio? Será la que nosotros le impongamos y lo que esperemos que el uso de dichos productos nos provean emocionalmente. Es aquí a donde debemos detenernos y pensar claramente si en realidad ese producto de marca, lo vale.

Anee

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